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Biologia Molecular y antiestress

MOLECULAR

Baja el Stress

No existe una terapia estándar para el estrés, sino un diagnóstico y un procedimiento para cada paciente. Es por eso que la medicina orthomolecular resulta ideal para tratarlo, ya que posee los instrumentos para una evaluación personalizada y un plan adaptado a las necesidades de cada uno.

Cansancio al levantarse, perdida de la memoria reciente, distracción en eventos de accionar frecuentes, falta de paciencia, ira rápida, temas cotidianos sin poder resolver de forma fluida (ver todo de color gris), cambio de la sensibilidad, sensatez, sentimientos, angustia, enfermedades frecuentes (desde resfríos, dolor de cabeza, perdida del cabello, colon irritable etc.).

PELIGRO! Es un aviso, el cuerpo habla no está en su eje por efecto de las “cargas” (emocionales, económicas, sociales, laborales etc.) transciende a nuestra salud comienza todo desde nuestro cerebro (enzimas inflamatorias, hormonas, neurotransmisores) para afrontar “la carga” y por “ sobre adaptarse”, se acaba nuestra “resistencia”, dado que uno no es una fuente inagotable de energía: entonces el cuerpo se enferma, desde hipertensión arterial (adrenalina), aumento de peso (cortisol), diabetes, dermatitis, infecciones, etc. y cuando baja mucho la inmunidad puede empeorar.

Hay que escucharlo y ocuparse. SOLUCION: LA CIENCIA. Tratamos este problema con una mirada molecular, pensando en los cambios celulares (el estrés oxidativo, la aparición de radicales libres etc.) e indicando, luego de diferentes estudios, un plan alimentario adecuado, y, según el diagnóstico, terapias de quelación, pools energéticos, terapia de Meyer´s, precursores de neurotransmisores, minerales, aminoácidos, oligoelementos y una serie de elementos que la medicina biológica nos da de forma efectiva. Porque el concepto más importante es que “no hay enfermedades sino enfermos”, y en el estrés esto se hace más evidente porque no existe una terapia estándar sino un diagnóstico para tratar a cada paciente y neutralizar los efectos adversos, de modo de evitar la última e infrecuente etapa, la del “agotamiento”, en la cual los mecanismos de defensa claudican.